Una diversidad olvidada


En estos últimos años, gracias a los progresos en la tecnología de la secuenciación del ADN, nuestra capacidad de identificar y estudiar los ecosistemas microbianos ha cambiado nuestra perspectiva con respecto a los microbios y su contribución a la salud humana.

No sorprende, pues, que algunos científicos estén volviendo su atención hacia las formas en que los microbios desempeñan un papel crucial en mantener el equilibrio en el ecosistema. De hecho, algunos microbiólogos afirman ahora que es necesario prestar la misma detenida atención a las bacterias, los hongos y los virus que a los pandas, los tigres y las ballenas.

El ecologista microbiano Gareth Griffith recientemente observó que sólo 2% de los artículos en las publicaciones sobre conservación más establecidas tratan de los microbios, y estos trabajos por lo general se refieren a los peligros que presentan a los organismos más grandes. En parte, la razón para ello es que aún no tenemos datos suficientes sobre los microbios para incluirlos en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, pero también refleja una parcialidad hacia las formas de vida que podemos ver.

Y sin embargo, el ser humano no puede vivir sin microbios. Tomemos los hongos, por ejemplo. Ellos son responsables de descomponer material vegetal, convirtiéndolo en suelo rico en nutrientes. Y unas bacterias protectoras aisladas recientemente que viven simbióticamente con animales podrían demostrar ser un instrumento sumamente eficiente para salvar las especias amenazadas del mundo. Algunos microbios que viven en tractos digestivos – incluso el nuestro – son cruciales para mantener la salud, mientras 90% de las plantas del mundo son totalmente interdependientes con hongos micorrizanos que viven en sus raíces, aumentando el suministro de agua a las plantas y ayudándoles a absorber nutrientes esenciales como nitrógeno y fósforo.

No hay tiempo que perder: a medida que los contaminantes van esparciéndose, el clima y los hábitats cambian, posiblemente podríamos perder especies y los microbios que viven en estrecha simbiosis con ellas. Y quién sabe cuán útiles podrían ser en la conservación, el cuidado de la salud y más. Hasta los antiguos microbios congelados 4 kilómetros en el fondo del Lago Vostok en Rusia están en peligro — no sabemos de qué forma los dañaríamos si los exponemos a la vida en la superficie, ni cuáles podrían ser las consecuencias.

Griffith hace un llamado al apoyo de los microbiólogos y al movimiento para la conservación ecologista para la creación de una Estrategia global para la Conservación Microbiana para el estudio de microbios amenazados, una estrategia para proteger ambientes ricos en microbios – particularmente los hábitats con suelo amenazado – y programas de educación, a fin de contrarrestar las actitudes negativas hacia los microbios.

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