Tomando precauciones

on the safe sideNo es fácil evaluar riesgos. Todos estamos expuestos, directa o indirectamente, a una cantidad de sustancias químicas, medicinas y otros productos, muchos de los cuales se han desarrollado o sintetizado sólo recientemente. Rara vez es posible asegurar seguridad absoluta. Es posible evaluar y observar efectos a corto plazo, pero las reacciones a largo plazo son difíciles de prever, si bien pueden ser desastrosas tanto para las personas como para el medio ambiente más amplio. TUNZA pidió a David Gee, de la Agencia Europea para el Medio Ambiente –quien reunió dos importantes estudios sobre peligros provocados por el hombre titulados Lecciones tardías de alertas tempranas– para servirnos de guía a través del laberinto.

P: ¿Acaso los efectos y los riesgos de los peligros provocados por el hombre –como productos químicos, el asbesto o el plomo en el petróleo– son similares a los peligros naturales?

R: Existen ciertas similitudes, como por ejemplo la necesidad de preparación, rehabilitación y compensación justa y pronta, y la necesidad de sistemas de alerta anticipada confiable y temprana y el buen balance entre las alertas falsas y una precaución prudente. También hay diferencias: los peligros provocados por el hombre a menudo causan un daño a largo plazo que va avanzando sigilosamente, por ejemplo para destruir la capa de ozono o causando cánceres devastadores. Desde luego, podríamos hacer mucho más para controlar y disminuir el peligro creado por nosotros mismos, por ejemplo mediante el uso de productos químicos basados en biomasa más bien que productos a base de petróleo, y evitando moléculas de muy larga vida que persisten en el medio ambiente o que se van acumulando dentro del cuerpo.

P: ¿Acaso solamente son afectados los seres humanos o acaso el daño también se propaga a un ambiente más amplio?

R: Muchos de los peligros descritos en la obra Lecciones tardías de alertas tempranas causaron daños principalmente al medio ambiente. Entre ellos cabe incluir los clorofluoro­carbonos (CFC) usados en muchos productos desde neveras hasta aerosoles, bifenilos policlorados (BPC) encontrados, por ejemplo, en componentes de instalaciones de luz fluorescente y PVC, emisiones de amonio, carbono, nitrógeno y azufre (que condujeron a la lluvia ácida), productos químicos perturbadores endocrinos en los herbicidas, entre otras cosas, y tributilestaño (TBT), que fue utilizado en pinturas antioxidantes para barcos y como un conservante de madera. No obstante, la mayoría de todos estos también causan daño a las personas.

P: ¿Cuánta evidencia o qué tipo de pruebas serían necesarias para emprender medidas para evitar el daño?

R: La tabla en la página siguiente muestra la variedad de niveles de evidencia para justificar la toma de medidas, desde alta
–“más allá de toda duda razonable” de los tribunales y “causalidad”–, hasta una prueba relativamente ligera que podría usarse por ejemplo para prohibir una tableta asociada tentativamente con unos defectos encontrados en un experi­mento en ratas. Elegir cuál nivel de evidencia de la cual poder depender es un asunto ético, un caso de decidir con qué tipo de consecuencias uno estaría conforme de vivir si la elección demostrase ser equivocada.

P: Algunos riesgos son inevitables, ¿así pues, es cuestión de decidir qué tipo de riesgos son aceptables, teniendo en cuenta los probables beneficios?

R: Sí, y ésta es una cuestión social, no científica. Por ejemplo, ¿cuántas pruebas se necesitan para persuadirte que no colo­ques un teléfono celular junto a tu cabeza, dado que tendrías los mismos beneficios con un texto y usando un auricular? Ya existen pruebas que sugieren que los aparatos celulares causan cáncer del cerebro, especialmente en los jóvenes. Pero las autoridades y las compañías telefónicas desearían esperar hasta tener evidencia mucho más fuerte –de más cánceres– antes de tomar medidas para reducir el peligro.

P: ¿Qué es el “principio de cautela”, promovido en la Unión Europea?

R: El principio fue diseñado para ayudar a los encargados de la toma de decisiones a elegir el nivel de evidencia apropiado para tomar medidas cuando la ciencia es incierta, o donde existe gran ignorancia sobre las exposiciones en gran escala a daño potencial, tal como en el caso de los organismos modifi­cados genéticamente (OMG), las radiaciones débiles, ciertos productos químicos y nano-productos. Justifica la toma de medidas si existen motivos de preocupación razonables y si las consecuencias de la falta de reducir las exposiciones podrían resultar muy serias.

P: ¿Pero cómo se equipara esto con la innovación?

R: Hay un equilibrio entre la toma de riesgos y la precaución, pero hemos hecho la decisión errónea en tantos casos abrumadores, como por ejemplo el asbesto (donde se dio la primera alerta en 1897), el agujero en la capa de ozono y el cambio climático, que es necesario que en adelante tengamos más cuidado. El principio de cautela nos ayuda a dar con un medio mejor, haciendo preguntas como: “¿acaso hay verdadera necesidad de este producto?” o “¿existen maneras mejores de satisfacer las necesidades?”. En el libro Lecciones tardías demostramos que sustancias así-llamadas “baratas” utilizadas universalmente como el asbesto (o amianto) y los CFC en realidad entorpecieron la innovación durante décadas, en parte porque excluían la competencia, ya que no se habían incluido sus verdaderos costos para la sociedad y el medio ambiente en sus precios de mercado.

P: Con tanta manufactura llevada a cabo en los países en desarrollo, ¿puede hacer una diferencia el principio de cautela en Europa?

R: Sí, porque puede limitar el comercio en sustancias nocivas como los juguetes importados que contienen plomo que conta­minan a los niños europeos, o los PCB y otros productos químicos que ahora están contaminando el Artico. Para tomar otro ejemplo, el Protocolo de Cartagena sobre la Seguridad Biológica usa el principio de cautela para tratar de detener la exportación de OMG a países que no los desean.

Puede obtenerse acceso a Lecciones tardías de alertas tempranas de la Agencia Europea para el Medio Ambiente en: www.eea.europa.eu/es/publications/environmental_issue_report_2001_22. Un segundo volumen será publicado en 2011.
Diferentes fuerzas de evidencia para diferentes propósitos

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