Ranas y hongos

Los microbios pueden ayudar a preservar la salud de los animales silvestres. Recientemente, los investigadores descubrieron una bacteria que, en su hábitat natural, ayudan a proteger ciertas especias de salamandras y ranas — y, con ayuda de la ciencia, podrían ayudar a salvarlas de la extinción.

En todas partes del mundo, las especies de anfibios fueron dejadas fuera de combate por el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatididis, cuyas esporas bloquean la respiración y la absorción de nutrientes. Esta infección de rápida difusión, llamada quitridiomicosis, tal vez sea la peor enfermedad infecciosa de las especies vertebradas conocida, ya que está devastando rápidamente las poblaciones. Hasta la fecha, ya ha llevado a la extinción a dos especies – la rana dorada de Costa Rica y el sapo Rheobatrachus de Australia –, y los científicos temen que la enfermedad podría ser responsable de alrededor de otras 100 extinciones, con otras más por venir.

La buena noticia es que los anfibios poseen bacterias fungicidales que ocurren naturalmente en su piel – aunque esto no siempre es bastante para protegerlos de toda clase de infecciónes. Los investigadores aislaron una de estas bacterias, Janthinobacterium lividum, de la rana de montaña de patas amarillas de las montañas de Sierra Nevada en California, y fabricaron grandes cantidades de la bacteria en un laboratorio. Luego aplicaron la solución a ranas en el laboratorio y las expusieron al hongo quitridio. Todas las ranas tratadas sobrevivieron, y las pruebas en el campo dieron el mismo resultado: entre una población de ranas en la naturaleza, sólo aquéllas que habían sido inoculadas con la solución bacterial sobrevivieron cuando el hongo quitridio invadió el hábitat.

El hecho de que podemos amplificar el poder de los microbios protectores no deja de ser una gran noticia, y no sólo para los anfibios. Los investigadores que están trabajando con mosquitos han inoculado una especie de mosquito con bacterias Wolbachia con todo éxito: los mosquitos resultaron inmunes al parásito de malaria, impidiendo con ello la transmisión de la enfermedad. Un experimento similar tuvo éxito en impedir la transmisión de la fiebre del dengue.

Hace falta más investigación y más pruebas, por ejemplo en vista de que se ha encontrado que una bacteria exitosa para una especie determinada no logra efecto cuando es transferida a otra – lo cual sugiere que para cada especie y cada hábitat diferente será necesario aislar la bacteria exactamente adecuada. No obstante, estos primeros éxitos son indicio de la esperanza de un futuro en el cual seríamos capaces de utilizar la biodiversidad microbiana como un recurso inapreciable para proteger formas de vida microbiana – ¡y esto te incluye a ti!

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