Lo primero: comer

Una niña hambrienta está sentada entre los escombros de su hogar en Port-au-Prince, Haití. La casa en la que solía vivir ha desaparecido, la ciudad está en ruinas, las tiendas, los negocios y los bancos están cerrados. ¿De dónde vendrá su próxima comida?

El Programa Mundial de Alimentos (WFP: World Food Programme) es la agencia humanitaria más grande que combate el hambre en todas partes del mundo. Hasta 10.000 personas trabajan para la organización, principalmente en partes remotas de países que la mayoría de la gente ni soñaría en visitar. En mis 10 años con el WFP he estado basada en Afganistán, Kenya, Iraq, Somalia y ahora Nueva York, donde mi trabajo consiste en planear la respuesta: cómo llevar comida a esa niña y su familia en Haití.

food first

by Shehzad Noorani/Still Pictures

A continuación del terremoto, hasta 3 millones de personas necesitaban urgente ayuda de alimentos. En la capital densamente poblada, las calles angostas estaban bloqueadas por los restos del terremoto y por interminables embotellamientos de tráfico. El puerto principal había quedado casi totalmente destruido, el aeropuerto estaba muy congestionado, con los equipos de búsqueda y rescate que iban llegando de todos los rincones del mundo, y nuestros propios almacenes habían sufrido grave daño y su acceso era peligroso. Fue el desafío más complicado en la historia del WFP. Trajimos alimentos por barco, por avión y por tierra de la República Dominicana vecina, que luego se transpor­taban en convoy a 16 sitios de distribución identificados de antemano a donde todos los días hasta mil familias acudían para recoger su ración familiar de arroz para dos semanas.

Según el lugar, el WFP utiliza burros, yaks y elefantes para llevar alimentos a las aldeas remotas. El transporte de alimentos es uno de nuestros desafíos más grandes, y este año el WFP espera llegar a 90 millones de personas en 73 países, repartiendo 3,7 millones de toneladas de alimento. Los gobiernos son la principal fuente de nuestros fondos, y las contribuciones por lo general vienen en forma de dinero efectivo o artículos alimenticios. En un año de promedio, más de 60 gobiernos proporcionan fondos voluntariamente, que el programa utiliza para comprar más de 2 millones de toneladas de alimentos anualmente. Es política del WFP, dentro de lo posible, comprar alimentos en los sitios más próximos a donde se necesitan, y por lo menos tres cuartas partes de los artículos provienen de países en desarrollo. Al comprar localmente la organización puede hacer ahorros en los costos de transporte, al mismo tiempo de ayudar a apoyar economías locales.

Las contribuciones oportunas permitieron al WFP distribuir alimentos a los habitantes de Haití inmediatamente después del terremoto. A fin de salvar vidas y poder actuar rápidamente, se proporcionó alimento a todas las personas en necesidad de ayuda. A medida que la vida ha vuelto poco a poco a cierta normalidad, la operación se ha ido cambiando para concentrase en alimento-para-trabajo para apoyar a las familias mientras están reconstruyendo su vida, programas de alimentación en las escuelas para ayudar a los niños a volver al aula de clase, y programas especiales para niños pequeños, mujeres embarazadas y madres que amamantan a sus bebés.

Trabajar para el WFP significa ensuciarse las manos. Su fuerza reside en su profunda presencia en el terreno: nos enorgullecemos se ser capaces de llevar comida a esa niñita sentada entre las ruinas. Ya sea trabajando como monitora de terreno en Bagdad, donde primero me uní a la organización, o como oficial de programa en Kabul, he visto de primera mano lo que es posible hacer en cara a la adversidad.

Denise Brown es Oficial Superior de Relaciones con Donantes del programa WFP. Para conocer más detalles sobre el trabajo del WFP, visita www.wfp.org.
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