La última pesca salvaje: los problemas

“El mundo se enfrenta con la posible pesadilla de océanos sin peces para 2050.” Este fue el mensaje de un informe del PNUMA de 2010, que concluyó que el 30% de los recursos pesqueros ya ha desaparecido. Y de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 70% de las especies de peces del mundo ya están totalmente explotadas o se están agotando. En la región del Atlántico Norte, por ejemplo, las poblaciones comercialmente explotables de bacalao, merluza, eglefino y platija han bajado en hasta un 95% — y muchas requieren una política de prohibición absoluta (pesca cero) para permitir su regeneración. Algunas especies, como el atún de aleta azul, están cerca de la extinción. Estas son advertencias potencialmente catastróficas para la salud alimentaria del mundo: 1.000 millones de habitantes, en su mayoría en países pobres, dependen de pescado como fuente principal de proteína animal.

Un flota demasiado grande

Parte del problema es que demasiados de nosotros estamos pescando. De acuerdo a las Naciones Unidas, hay 35 millones de personas pescando alrededor del mundo en 20 millones de barcos. Esto significa una flota dos veces y medio más grande de lo que los océanos son capaces de sostener. Esto aún es agravado por el hecho de que somos demasiado eficientes. Nuestras flotas de barcos cada vez más grandes, subvencionadas por los gobiernos, técnicamente son capaces de cosechar cantidades enormes en lugares que antes solían ser difíciles de alcanzar. Debido a que las especies de peces que viven a gran profundidad –como el rape, la merluza negra (vendida a veces como corvina chilena) y el reloj anaranjado o reloj del Atlántico– crecen muy lentamente hasta alcanzar su madurez sexual, son especialmente vulnerables a la pesca intensiva. Una vez que las poblaciones quedan dañadas, pueden necesitar generaciones para recuperarse. En el transcurso de los últimos 50 años, el número de los grandes peces predadores en los océanos profundos, como el pez aguja, el pez espada y los tiburones, ha bajado en un 90%.

Hábitos derrochadores

Otro problema es el derroche: las flotas pesqueras capturan y tiran 20 millones de toneladas de “captura accesoria” no deseadas cada año, matando y descartando especies no rentables y peces excedentes o juveniles. La captura accesoria también incluye animales salvajes en peligro de extinción, cetáceos como delfines, marsopas y ballenas pequeñas, tortugas marinas como la tortuga bastarda, la boba, la verde y la tortuga laúd, tiburones, aves marinas y corales, esponjas, estrellas de mar y muchos más. Estas prácticas no sólo dañan a especies individuales sino también a los ecosistemas que las sostienen.

Pobre manejo

Gobiernos y ministros tratan de implementar cuotas de pesca y un buen manejo, pero resulta muy difícil controlar las actividades pesqueras. Y en el caso de alta mar, existen muy pocas regulaciones internacionales implementadas para la pesca. Si bien los científicos proponen límites de pesca para ayudar a mantener sostenibles las poblaciones, los organismos de gestión no hacen caso necesariamente a sus consejos, y a menudo establecen límites que con mucho exceden la cuota recomendada.

(c) Jorgen-Freund-Aurora-Specialist-Stock.jpg

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