La lucha contra la malaria


La malaria es una de los más grandes motivos de preocupación de la salud pública mundial. Mata alrededor de 700.000 personas al año, muchos de ellas menores, y muchas en Africa subsahariana, aunque la enfermedad también es común en Asia Sudoriental. Entre los esfuerzos para detener la propagación de la malaria cabe incluir: minimizar la reproducción de los mosquitos Anopheles que llevan el parásito Plasmodium, el uso de cortinas protectoras, y medicamentos anti-malariales como por ejemplo el fármaco artemisinina. Si bien los medicamentos ayudan, uno de los problemas en curso es que el parásito se vuelve resistente al tratamiento.

Tal vez una esperanza se encuentre en la raíz de una planta trepadora llamada Cryptolepis sanguinolenta, indígena de Ghana. TUNZA entrevistó a Alexandra Graham – la presidenta del colegio St Karol School of Nursing en Ghana y fundadora de PhytoSearch, una compañía que trabaja en el desarrollo de medicinas africanas indígenas – para hablarnos sobre la enredadera Cryptolepis. Explica que puede ser una lucha explotar la diversidad vegetal para el alivio de la enfermedad, aunque las plantas sean fácilmente disponibles.

“La planta Cryptolepis sanguinolenta se ha venido usando por generaciones en Ghana como un medicamento contra la malaria. Es una planta única porque posee propiedades anti-malariales al mismo tiempo de ser eficaz para reducir la fiebre, además de poseer propiedades analgésicas. Tradicionalmente solía usarse como un extracto obtenido por cocción – la raíz se hervía y se bebía el líquido. Ahora se han llevado a cabo ensayos ofreciendo la raíz en forma de una bolsita de té, más fácil de preparar – con resultados absolutamente positivos.

Pero el problema principal es el sabor sumamente amargo de la raíz. Típicamente, los pacientes toman el medicamento el primer día, pero al segundo, cuando vuelve el bienestar y la fiebre ha desaparecido, dejan de tomarlo y vuelven a sentirse enfermos.

Esperamos someter la raíz a las pruebas clínicas usuales para una medicina botánica, que entonces estaría disponible como una cápsula o una tableta fácil de ingerir. En esta forma sería más probable que los pacientes completasen el ciclo de tres o cuatro días requerido para su recuperación.

Pero semejante desarrollo requiere fondos, difíciles de conseguir, en parte porque la raíz es una medicina natural, no sintetizada, y muchos ensayos, por ejemplo aquéllos financiados por la Fundación Gates, solamente están interesados en moléculas únicas. Pero cabe recordar que la artemisina, la droga primordial usada actualmente contra la malaria, originariamente era derivada de una planta descubierta en China miles de años atrás. (Actualmente también se cultiva ampliamente en Asia Sudoriental y Africa Oriental.)

Pensando en el futuro

Una vez que el uso de cualquier medicina antimalerial se ha generalizado – y el parásito ya está haciéndose resistente a la artemisinina en Asia Sudoriental – ¿cuál sería nuestro refuerzo? Mi compañía está trabajando para encontrar medicinas que podrían impedir la malaria a través de toda la región saheliana, estudiando la posibilidad de usar los conocimientos indígenas que tenemos en Africa. Creo que hay gran esperanza de desarrollar esta raíz que cura la malaria y que ofrecería un refuerzo de lo que tenemos en el sistema ahora mismo. Lo que asusta es la idea de que las medicinas que poseemos ahora se vuelvan ineficaces antes de que hayamos desarrollado algo nuevo, y nos quedemos sin nada.”

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