Asuntos para reflexionar

Por Lukus Roberts

Todos los años, alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos muy necesarios, en perfectas condiciones y de un valor de aproximadamente 1 billón de dólares, jamás llegan a ser consumidas. Las razones para esto varían: en los países desarrollados, una pasmosa cantidad de 90–115 kilos de comida por persona se tira a la basura todos los años, mientras en el mundo en desarrollo, el desperdicio generalmente es resultado de enfermedad de los cultivos o la pérdida de los productos cosechados durante su almacenamiento, antes de que siquiera lleguen a un consumidor.

La modificación genética (MG) sigue siendo un asunto de polémica. Hay quienes temen que cuando la gente empieza a “actuar como Dios”, las consecuencias serán apocalípticas. No obstante, los científicos biológicos creen que si aprovechamos al máximo los adelantos en nuestro entendimiento de la química de los cultivos, unidos con nuestro conocimiento actual de la tecnología de MG, no sólo podremos empezar a tratar el problema del desperdicio masivo, pero podremos hacerlo con poco o ningún riesgo para el medio ambiente.

Prolongar la vida útil

La manipulación genética de enzimas –proteínas que realizan tareas específicas en procesos biológicos– es una manera en que los biocientíficos esperan reducir la cantidad de alimentos que se deterioran antes de llegar al consumidor. Recientemente se ha manufacturado una enzima capaz de extender el tiempo que puede conservarse un producto perecedero sin que se deteriore, como por ejemplo el pan fresco — y esto sin tomar en cuenta otra ventaja más: por cada 1.000 toneladas de pan producidas con esta enzima se ahorran 50 toneladas de CO2 equivalentes gracias a la reducción de desperdicio..

Evitar enfermedades

Para muchas personas en el mundo, un pobre rendimiento de los cultivos puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Enfermedades como el tizón bacteriano en el arroz son responsables para pérdidas de 20–80%: en India solamente, esa enfermedad daña 6–7 millones de hectáreas de arroz en crecimiento todos los años. Introduciendo genes resistentes a bacterias o insectos a los cultivos, los científicos han demostrado cómo es possible luchar contra estas devastadoras y derrochadoras pérdidas.

Aumentar el contenido nutritivo

¿Acaso menos puede ser más? ¿Acaso puede salvar vidas la biociencia? Se ha diseñado un “arroz dorado” para expresar hasta 23 veces la cantidad de beta-caroteno generalmente producido por el arroz. El beta-caroteno es un precursor esencial de vitamina A, y una deficiencia de vitamina A mata casi 750.000 niños menores de cinco años de edad cada año. También se hallan en camino ensayos para aumentar el contenido de mineral y antioxidante de frutas y verduras, y hay estudios que sugieren que los consumidores estarían dispuestos a pagar un poco más por este tipo de alimentos de calidad nutritiva mejorada. Estos desarrollos bien podrían permitir a más personas en todas partes del mundo recibir todos los nutrientes que necesitan para llevar una vida sana, sin necesidad de aumentar el área de tierras agrícolas.

Buen aspecto

Sobre todo en regiones más prósperas, la gente da mucha importancia a los alimentos que compra y come. Las bananas deben ser bien curvas, las zanahorias rectas, y las manzanas no deben mostrar machucones. Alrededor del mundo, los agricultores que abastecen a los grandes supermercados internacionales tiran toneladas de alimentos simplemente por no tener buen aspecto. Pero actualmente están movilizándose unas técnicas –como el RNA interferente o “silenciador de genes”– para “apagar” los genes que causan el manchado, prometiendo el máximo número de manzanas “atractivas” y reduciendo con ello las pérdidas.

Actitudes nuevas

Si queremos conservar nuestro planeta y proteger nuestros recursos, todos tendremos que cambiar nuestra actitud respecto a lo que comemos y la manera en que se producen los alimentos. Aceptar la tecnología biológica, incluida la modificación genética, como parte de nuestra vida cotidiana probablemente será crítica en esto. Después de todo, la mayoría de nosotros seríamos más que felices de recibir terapia de células madre si estuviéramos tan gravemente enfermos como para necesitarla.

Lukus Roberts está trabajando para un doctorado en parasitología e inmunología molecular y celular en el Imperial College, Universidad de Londres.

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