¿Mirando hacia adelante?

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by Hartmut Schwarzbach/Argus/Still Pictures

La mayoría de nosotros conocemos a tres o cuatro generaciones de nuestra familia: nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos, y tal vez algunos bisabuelos. Por supuesto, nosotros los seres humanos nos remontamos a miles de generaciones atrás, desde que hemos evolucionado de los simios. Pero la mayor parte de lo que hemos hecho para crear nuestro mundo moderno ha sucedido a través de unas 400 generaciones, desde el fin del último período glaciar cuando las capas de hielo se retiraron de Europa, Asia y América del Norte y los humanos empezaron a convertirse en agricultores.

Desde entonces, el clima del mundo ha sido sorpren­dentemente estable. Hemos tenido períodos cálidos y pequeñas épocas glaciares, pero los cambios han sido relativamente pequeños. Nuestros antepasados siempre sabían con bastante certeza cuándo caería lluvia, cuáles serían las tem­peraturas cada verano y cada invierno, y a qué altura subiría el río.

El clima estable tal vez podría ser la razón primordial por la cual nos convertimos de tribus dispersas, armadas de lanzas, que vivían en cuevas, en los primeros agricultores, los primeros habitantes urbanos, los primeros industrialistas y ahora en los 7.000 millones de habitantes de un mundo digitalizado, globalizado.

Nuestra sociedad enormemente compleja a veces da la apariencia de que en realidad no necesitamos la naturaleza para nada. Pero la realidad es que todavía dependemos de la plantación de cultivos que sabemos habrán de crecer porque la temperatura será correcta y las lluvias vendrán. Y dependemos del hecho de que nuestras ciudades no se inundarán por las mareas ni serán arrasadas por lluvias torrenciales. Si no tuviéramos esa certeza, no sólo perderíamos el fruto de nuestros esfuerzos: para empezar, tal vez ni siquiera trabajaríamos. No se plantarían cultivos, y no se construirían ciudades. Lo que es más, con tantos de nosotros viviendo en grandes aglomeraciones urbanas, y tanto de la superficie del planeta bajo cultivo, si nuestros sistemas fallaran bajo la presión de un clima imprevisible, no habría muchos lugares donde podríamos ir para encontrar seguridad.
Desde luego, siempre ocurren desastres, incluso desastres climáticos como sequías e inundaciones y huracanes. Pero son lo suficientemente raros como para permitirnos empezar de nuevo y seguir con nuestra vida.

Una época de cambio

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by Mark Krengulec

Ahora viene lo realmente alarmante. Parece ser probable que esta era de estabilidad climática –de saber qué harán las estaciones y las lluvias– está llegando a su fin. Los desastres climá­ticos están haciéndose cada vez más frecuentes y más intensos. La razón, por supuesto, es el cambio del clima provocado por el hombre.

Sabemos de la física básica que los gases que lanzamos al aire cuando quemamos combustibles fósiles como carbón y petróleo calientan la atmósfera. Esto es noticia vieja. Lo que es nuevo, y hasta más preocupante, es que los científicos están viendo cada vez más pruebas de que el calentamiento no se producirá gradualmente. Podría suceder de repente.

Y no sólo se tratará de calentamiento: se producirán cambios grandes y rápidos en las pautas meteorológicas. De modo que podrán aparecer huracanes en lugares donde no se han visto en el pasado, como por ejemplo en Brasil o en Australia. Las condiciones desérticas podrían extenderse del Sahara africano a Europa. Los monzones anuales que irrigan los cultivos para 3.000 millones de habitantes en Asia podrían fallar. La corriente de los ríos podría subir e inundar ciudades enteras, mientras las tormentas ocasionadas por las mareas de los océanos inundan zonas costeras bajas.

Prueba histórica

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by SpecialistStock

Estos aún no son pronósticos firmes. Pero de acuerdo a muchos científicos, nuestro tiempo está por volverse mucho más peligroso y imprevisible. Empero, la prueba tal vez más persuasiva de que tienen razón es que todo esto ya ha pasado antes. Basta volver la mirada a unos 10.000 años atrás y parecería que la naturaleza tiene un historial de producir el cambio climático no en forma gradual sino en saltos súbitos.

Tomemos los acontecimientos durante los últimos pocos siglos de la última edad de hielo, apenas más de 10.000 atrás. Alrededor de esa época, las temperaturas de promedio en gran parte del hemisferio norte subieron alrededor de 10°C dentro de una década. Esto es como pasar de un invierno permanente a un verano permanente en el espacio de diez años. Losinvestigadores pueden medir ese cambio en las burbujas de hielo dejadas atrás en el hielo en Groenlandia.

El calentamiento causó el colapso de enormes capas de hielo a los océanos, ocasionando un alza de 20 metros de los niveles del mar alrededor del mundo en menos de 400 años. Esto es 20 veces más rápido que ahora, y suficiente para inundar a la mayoría de las zonas costeras del mundo.

Poco antes de esa época, las temperaturas habían tambaleado en la dirección contraria. El resultado de investigaciones publi­cadas sólo el año pasado muestran que alrededor de 13.000 años atrás, llevó apenas un año al mundo para sumergirse en una congela­ción de mil años, con temperaturas 16°C más bajas, de promedio. Los humanos se retiraron a sus cuevas y mantuvieron sus fuegos encendidos.

Aquellos fueron tiempos violentos. Y podrían ocurrir de nuevo. Lo que hoy día es desconcertante es que el elemento clave en estos cambios, lo que desencadenara los cambios súbitos en aquel tiempo, al parecer había sido el CO2, precisa­mente el gas que nosotros estamos lanzando a la atmósfera cuando quemamos carbón y petróleo. El CO2 es el termostato del planeta. Con anterioridad, la naturaleza ha manipulado la llave de carbono, pero ahora esta­mos haciéndolo nosotros, los humanos mismos. ¡Esto sí que da miedo!

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by Joerg Boethling/Still Pictures

Para nombrar algunas señales perturbadoras: algunos cien­­tíficos están advirtiendo que la selva de lluvia del Amazonas podría morir para mediados de este siglo a resultado del calentamiento de la Tierra. Para entonces, la región será dema­siado calurosa y demasiado seca para que los árboles puedan sobrevivir. Los árboles también están hechos de carbono. Si esto llegase a suceder, los árboles liberarían su carbono a la atmósfera, dando un boost extra al calentamiento.

Otro gas capaz de calentar al planeta es el metano. La naturaleza tiene montones de metano almacenados fuera de peligro, en extraños escondrijos alrededor del planeta. El metano está congelado dentro del hielo del Artico, y enterrado bajo el fondo marino. Si escapa a la atmósfera se añadiría al calentamiento.

Hay indicios de que los escapes de metano de los océanos calentaron el mundo en el pasado distante. Y al parecer el actual calentamiento de la Tierra está empezando a liberar metano de los suelos de Siberia y Alaska en proceso de derretir. Los científicos han medido las burbujas lanzadas al aire. De momento, las burbujas son pequeñas. Pero a medida que el mundo se va calentando su tamaño podría aumentar.

La preocupación es que estamos iniciando una reacción desen­frenada, en la cual agregamos CO2 y metano a la atmósfera, causando un calentamiento que libera más y más CO2 y metano, causando cada vez más calentamiento.

Hora de escoger

Esto es la mala noticia. Pero aquí va la buena noticia. Nada de todo esto todavía es inevitable. Nosotros los humanos aún estamos a cargo de nuestro propio destino. Poseemos la tecnología para acabar nuestra peligrosa dependencia de los combustibles de carbono como el carbón y el petróleo. Podemos escoger entre varias fuentes de energía alternativa: entre la energía eólica y solar, entre las mareas y las olas, hasta posiblemente la energía nuclear.

Es un desafío enorme para nuestra especie. Hemos tenido la vida fácil por 400 generaciones. Hemos tomado por sentado a la naturaleza y el clima. Pero ya no podemos seguir haciéndolo.

Por Fred Pearce
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