¡Cuidado: cruce de animales!

A medida que la población humana va aumentando, la vida de la fauna y flora silvestre se vuelve cada vez más difícil. Las ciudades en constante expansión con sus barrios periféricos, las carreteras, las fábricas y las granjas, todos usan los bosques abiertos, las praderas y manglares, empujando las plantas y los animales a zonas cada vez más escasas. Hasta en lugares donde existen pequeñas superficies de espacio verde, a veces llamadas islas-hábitat, estos espacios son cortados uno de otro, haciendo difícil para los animales – insectos, aves, mamíferos, anfibios – moverse de un lado a otro en busca de alimentos, refugio y lugares de cría.

Aislar especies animales dentro de áreas pequeñas las hace más vulnerables a predadores, enfermedades y endogamia. Y si una especie desaparece, esto puede afectar a todo el ecosistema. Además, los animales en busca de alimento, machos o hembras, pueden salir a las carreteras, causando daño a sí mismos y a los conductores por igual, o penetrar en asentamientos humanos, causando conflictos con los habitantes. En Africa y Asia los elefantes y los tigres amontonados en parcelas de bosques demasiado pequeñas para mantenerlos pueden entrar a las aldeas y las granjas, destruyendo casas, cultivos y animales de cría.

Así pues, ¿cómo podemos ofrecer corredores o pasadizos seguros para la fauna y la flora silvestre y ayudar a preservar y estimular la diversidad biológica?

En camino hacia la recuperación

Si bien es cierto que las carreteras a menudo son parte del problema de la fragmentación, también pueden ofrecer una solución. Los arcenes en el borde de las carreteras, plantadas con flores silvestres nativas, ayudan a mantener importantes polinizadores como abejas y mariposas, mientras los pantanos se convierten en hogares para anfibios y abrevaderos para las aves y a veces también para otros animales pequeños.

Existe ahora todo un nuevo movimiento para ajardinar el borde de las carreteras – con áreas plantadas y mantenidas creadas a propósito como espacios para vivir, y corredores verdes para plantas y animales. En EEUU, por ejemplo, los conservacionistas están alentando la plantación de asclepia (o algodoncillo) en el borde de las carreteras, para ayudar a la recuperación de esta magnífica especie, amenazada de extinción. Y en Oxford, (Reino Unido) se ha creado un corredor verde a lo largo de una autopista, para unir dos zonas arboladas y permitir a los invertebrados migrar de un lado a otro.

Construyendo puentes

Algunos animales necesitan algo más grande y más complicado que un borde plantado con flores silvestres para cruzar de un hábitat a otro, es decir que hacen falta construcciones especiales hechas por el hombre.

En los Países Bajos, un “ecoducto” de 800 metros de largo sirve a modo de una supercarretera verde a través de una autopista, un ferrocarril y una cancha de golf. En Canadá, los grandes mamíferos – osos, cayotes, alces, pumas y lobos – en el Parque Nacional Banff están protegidos por seis puentes y 38 pasajes subterráneos que permiten a la fauna cruzar las carreteras con seguridad.

No todos los cruces para animales son para el uso de mamíferos. Las escaleras de peces, por ejemplo, ayudan a los peces migrantes a atravesar diques que bloquean su camino a las zonas de desove río arriba. Las estructuras varían para diferentes especies, pero típicamente consisten en una serie de pantanos arreglados en escalones ascendentes de tal modo que los peces puedan saltar o nadar de uno a otro. En Florida, EEUU, los pasajes subterráneos permiten a los cocodrilos evitar el tráfico en las carreteras. Y todos los años, en la Isla de Navidad, en el norte de Australia, los guardabosques construyen puentes para que más de 100 millones de cangrejos terrestres rojos puedan migrar al mar para poner sus huevos.

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